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miércoles, 3 de septiembre de 2008

El laberinto de Aleja Gómez

...





...¡la delicia es mía Aleja!!


No olvides que sobre los productos de mi cuerpo yo tengo total autonomía
así, se oponga el mundo entero
y el sol y la luna no me ilumine ni hoy ni mañana,
pero la influencia de la religión puede confundir a muchos

y yo actuaré en tanto mi ser se insurreccione
y reto a los convencionalismos palurdos
que buscan una exacta respuesta
y golpeo en su oído duro mirando hacia lo oscuro
aun en los últimos límites de lo bruto


así como busco tu boca
y tus pétalos y tus manos
y tus delicadas palabras,
y tu suave sexo, entre espejo y guirnalda
me empape y se apodere de mí.




no sé si he estado antes con una mujer pero tu palabra
que germina y se expande en mi voz

como un manojo de caricias olorosas

talladas en aromas de especulaciones y lunas

aquí en la nada femenina de mi lado izquierdo

me enseñas otra vez, querida Aleja

que hay que buscar el amor en otros laberintos.


Tú que ofreces a mis picos y montes el otro paraíso, el instante último,
sellada con el ojo perspicaz,
el ojo que sólo ve sin opiniones la llave del esplendor de los esplendores,
el sueño del placer intemporal, no sometido


amiga sabes que no te olvido, y tampoco me olvido de tu naturaleza secreta;
ni de la inteligibilidad de mis espinas que pervive entre la luz y la desesperanza. Aleja, aléjate o acércate de nuevo no importa que seas absolutamente imprevisible.


porque amo lo indeleble de tu huella en mi piel que te retiene y lo indecible de mis manos que te reconstruyen a ciegas en la oscuridad de cada noche.


mi palabra te llama, estoy con vos
y amas en mi voz el amanecer y en mi mirada
el daguerrotipo de la nueva lógica de lo simple; y déjame amarte a ti,
en la dulzura de esta hora amarga, cuando la noche huele a Anais Anais
y duele, mientras llegamos al clímax absortas en lo cóncavo del olvido,
de la desnudez sin fin.

¡con qué tiempo olvidarte!...
¿con qué palabra desdeñar tus frutos?


...¿la mejor?


....(única versión autorizada por la autora)

Nota al pie: Reconozco aquí en este poema la influencia del poeta mexicano Jorge Souza, a quien he leído y disfrutado de su poética en múltiples ocasiones y cuyas letras me han inspirado más de una vez a escribir mi dizque poesía, por lo cual le doy las gracias y les invito a leerlo en su pagina web

viernes, 11 de julio de 2008

Cuándo buscas sincronicidades, las sincronicidades te buscan!


· En 1958, el novelista William Burroughs, que residía en Tánger, mantuvo cierto día una conversación con un tal capitán Clark, quien le mencionó que había estado navegando por el estrecho 23 años sin ningún percance. Ese día el capitán Clark sufrió su primer accidente grave. Esa misma tarde, mientras comentaba el suceso, Burroughs escuchó un boletín de la radio donde se informaba de un accidente aéreo ocurrido en Florida. El número de vuelo resultó ser el 23 y el piloto un tal capitán Clark.

· Después de que Arthur Koestler publicase sus Roots of Coincidence, el profesor Hans Zeisel, de la Universidad de Chicago, escribió a Koestler relatándole cómo le perseguía dondequiera que fuese una cadena de números 23. En Viena, de donde era originario, vivió en la calle Rossaurerlaend 23. Tuvo su bufete de abogados en la Gonzagagasse 23 y su madre vivía en la Alserstrasse 23. En cierta ocasión la madre de Zeisel llevó a Montecarlo la novela titulada Die Liebe der Jeanne Ney, en la que un personaje gana una fortuna apostando en la ruleta al número 23. La madre de Zeisel decidió repetir la suerte del personaje de la novela y en el casino apostó al número 23. El número 23 salió al segundo intento.

Siempre constituye para mí nuevo motivo de asombro el que sean tantas las personas que han tenido experiencias de ésta índole (sincronicidades) y del cuidado con que se oculta cuanto hay en ellas de inexplicable. (C. G. Jung)

· Carl G. Jung tuvo una vez un sueño sobre Liverpool, sueño al que concedió tanta importancia que lo analizó profusamente. Una de las conclusiones que sacó fue que Liverpool, a través de un juego de palabras, representaba en su sueño un "pool of life", lo que vendría a significar un renacimiento. Años más tarde, Peter O'Halligan, del Centro Mundial de Coincidencias, en Berkeley, California, analizó el sueño cuidadosamente y concluyó que todos los detalles indicaban que el lugar que describe Jung no podía ser otro que una intersección de ciertas calles de Liverpool. En ese lugar hubo un café donde los Beatles actuaron por primera vez. En ese mismo punto, más tarde, se ubicó el Teatro de la Ciencia Ficción, donde se representó "Illuminatus", obra de Robert Anton Wilson en la que la acción transcurría principalmente en un submarino amarillo, homenaje a los Beatles. Carl G. Jung era un personaje de la obra. ¿Renacimiento?

· Un tal M. Deschamps relata que, de niño en Orleans (Francia), un huésped de la familia llamado M. de Fortgibu le ofreció un trozo de pudding de ciruelas. Años más tarde, M. Deschamps ya mozo, pidió pudding de ciruelas en un restaurante de París. El camarero le dijo que la última ración acababa de servírsela a un señor, señor al que señaló discretamente y que no era otro que M. de Fortgibu. Muchos años después, en una cena donde a M. Deschamps se le ofreció pudding de ciruelas, aprovechó éste la oportunidad para narrar sus experiencias con relación a dicho manjar y el Sr. de Fortgibu. Acabado el relato, y mientras deglutía su pudding de ciruelas, Deschamps manifestó que lo único que faltaba era la presencia del señor de Fortgibu. En ese momento la puerta se abrió y apareció M. de Fortgibu, ahora un anciano desorientado, quien se excusó alegando que se había equivocado de puerta.

· 13.2.96. Hoy he leído en el libro The True Confessions of Aleister Crowley una referencia a un tal "Mortadello" y me ha hecho gracia, pues lo relacioné con el héroe de tebeo ideado por Ibáñez, personaje favorito de mi hijo. Al poco rato, en la radio, oigo que se ha detenido en Francia al etarra Mortadelo.

· El ingeniero J.W. Dunne, en 1902, tuvo una pesadilla acerca de una erupción volcánica. La pesadilla consistió en las habituales situaciones de correr, apresurarse, perderse, etc., en su esfuerzo por llegar a tiempo de avisar a la gente amenazada. En la lógica del sueño el aciago suceso no había ocurrido, pero Dunne sabía sin lugar a dudas que ocurriría. El lugar amenazado en su sueño era una isla en la que se hablaba francés y Dunne sabía que morirían 4.000 personas. Dos días después de la pesadilla un volcán en la Martinica francesa entró en erupción, una ciudad fue sepultada y 40.000 personas murieron.

· En 1909, discutiendo sobre parapsicología, Freud y Jung perdieron los estribos. Entonces oyeron el ruido de una explosión procedente de la biblioteca de Freud. Ambos enmudecieron de sorpresa. Jung habló primero:


- "Ahí lo tiene. Eso es un ejemplo de los llamados fenómenos catalíticos".
- "¡Oh, vamos -exclamó Freud-, eso es caca de la vaca!"
- "No lo es -replicó Jung-. Se equivoca, Herr Profesor. ¡Y para demostrar mi punto de vista, vaticino que en breve se producirá otra detonación!"

Ambos psicoanalistas guardaron silencio y entonces se oyó una segunda explosión. Freud se quedó tan impresionado que no pudo seguir argumentando.

Pero lo extraño de esta historia es que posee dos secuelas. En 1972, el Dr. Robert Harvie, psicólogo de la Universidad de Londres, leía en voz alta a un amigo el relato de este episodio cuando una lámpara de la sala de Harvie cayó al suelo estrepitosamente. Y en 1973, una tal Margaret Green informó que mientras leía el mismo pasaje acerca de Jung y Freud en un tren, la ventana estalló repentinamente con un estruendo semejante al de una bomba.

· Noche del 17.04.97. Al acostarme, tomo uno de los varios libros que descasan sobre la mesilla de noche. Se trata de El dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter. Leo en la página 114 una anécdota referida por Ortega y Gasset sobre Pío Baroja en la que el novelista vasco manifestó que no hay peor cosa que ponerse a pensar en cómo se deben decir las cosas, porque acababa uno de perder la cabeza. Él había escrito: "Aviraneta bajó de zapatillas", pero al preguntarse si estaba bien o mal dicho, ya no sabía si debía decirse "Aviraneta bajó de zapatillas, bajó con zapatillas o bajó a zapatillas". Leído el "dardo", dejé el libro de Lázaro Carreter y tomé otro, esta vez Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Pradas y a los pocos párrafos llego a este pasaje: "En esto estaba en los talleres Pío Baroja, en alpargatas, de alpargatas, con alpargatas, muy envuelto..." (los subrayados son míos, y sólo míos). ¿No resulta en extremo curioso que lo que acababa de leer como anécdota en un libro lo parodie a continuación otro libro dentro de su narración, libros sólo unidos entre sí (imagino) por descansar en mi mesilla?

Cuanto más frecuentemente utilizamos la palabra "coincidencia" para explicar acontecimientos extraños significa que no buscamos, sino que evitamos encontrar la explicación real. (R.A. Wilson)

· Primero de abril de 1949. Jung llevaba unos días ocupado en una investigación sobre el símbolo del pez en la historia. Por la mañana había escrito: "Est homo totus medius piscis ab imo". Ese mismo día en el almuerzo sirven pescado. Durante la comida alguien recuerda accidentalmente la costumbre del "pez de abril". Por la tarde una paciente a quien había tratado meses atrás, acudió a verlo para mostrarle algunos cuadros de peces que había pintado durante ese lapso. Por la noche se le mostró un bordado que representaba monstruos marinos pisciformes. Al día siguiente, 2 de abril, a primera hora de la mañana, otra ex paciente, a quien no había visto en muchos años, acudió a Jung para relatarle un sueño en el cual, estando a orillas de un lago, vio a un pez grande que se acercaba nadando en su dirección para detenerse a sus pies. Jung afirma que sólo una persona de las mencionadas sabía en lo que estaba trabajando.

viernes, 4 de julio de 2008

Sincronicidades. Apología y refutación


Tomado del artículo de Lamberto García del Cid

Primera parte


I - Apología

En la explicación de las coincidencias hay mucho
de pereza e impotencia, y responde a un miedo instintivo
de que se ponga en peligro un dogma científico.

(Charles Fort)

Carl G. Jung y el premio Nobel de física Wolfgang Pauli colaboraron en el desarrollo de una teoría de las coincidencias que bautizaron con el nombre de "Sincronicidades". A Pauli le atraía el asunto porque él mismo se sentía perseguido por singulares coincidencias, sucesos que sus colegas, malignamente, denominaban "efecto Pauli". Pauli, físico más bien teórico que experimental, pasaba poco tiempo en laboratorios, pero cuando lo hacía, acontecían inexplicables roturas de aparatos o imprevistas averías de instrumentos. Estos sucesos ocurrían con mayor frecuencia de lo que la mera casualidad podía explicar. Ni siquiera tenía que suceder el incidente junto a él, bastaba con que estuviera presente a diez o veinte metros. Jung y Pauli concluyeron que existían dos clases de principios de conexión en la naturaleza. El primero era la causalidad ordinaria, lo que la ciencia normalmente estudia. Esta causalidad se estructura de forma lineal: si A causa B, entonces para que se dé B, debe ocurrir primero A. El otro principio de conexión era el acausal. Este principio fue denominado por Jung y Pauli "sincronicidad" porque asumieron que, contrariamente al principio de causalidad, los acontecimientos acausales se estructuraban en el espacio y no necesitaban para relacionarse el concurso del tiempo. O lo que es lo mismo: la sincronicidad admite que dos hechos se relacionen simultáneamente. Su lógica, si de lógica puede hablarse, es la lógica de la psique profunda, la lógica que sólo se halla en los sueños y en los mitos.

· Cierto día, en Zurich, analizando Jung con una paciente un sueño de ésta última, y que se relacionaba con el regalo de un escarabajo de oro, algo golpeó en la ventana de su gabinete. Jung fue a ver qué era y al abrir la ventana penetró en el cuarto un escarabajo, un scarabeide cetonia aurata, lo más próximo a un escarabajo de oro que puede encontrarse en nuestras latitudes, especie emparentada con el mítico escarabajo de oro egipcio motivo de los sueños de su paciente y objeto de las actuales reflexiones del psicólogo.

· En Enero 1996 el que esto escribe (o sea, yo) se hallaba en el Barbican Center de Londres. Buscaba en una tienda de souvenirs un regalo para una amiga. Tropecé con un calendario con soporte para mesa que, sobre los días de cada mes, exhibía reproducciones de obras del pintor austriaco Gustav Klimt. Me gustó. Miré algo más, pero al final me decidí por el calendario. Con mi calendario de Klimt en el bolsillo, y mi mujer y mi suegra a los flancos, me dirigí al centro de la gran urbe. Cerca de los famosos almacenes Harrods buscamos un sitio para comer y elegimos un restaurante pequeño a cuyo comedor se accedía subiendo dos tramos de escaleras. El pequeño refectorio en el que nos acomodaron tenía decoradas las paredes con litografías de Gustav Klimt.

· Cierta noche Jung soñó que la cama de su mujer era una fosa profunda con muros tapiados. Era una tumba y recordaba algo antiguo. Entonces oyó un hondo suspiro, como cuando alguien expira. Una figura que se parecía a su mujer se incorporó de la tumba y surcó los aires. Llevaba una túnica blanca en la que había bordados extraños signos negros. Se despertó, despertó a su mujer y miró la hora. Eran las tres de la madrugada. A las siete de la mañana les llegó la noticia de que una prima de su mujer había muerto a las tres de la madrugada.

· Cuando Norman Mailer comenzó su novela Barbary Shore no había en ella ningún espía ruso. Al progresar la novela un espía ruso aparece, desempeñando un papel secundario. A medida que avanzaba la obra, el espía fue ganando cuerpo hasta convertirse en el protagonista principal. Acabada la novela, el Servicio de Inmigración de los EE.UU. arrestó a un hombre que vivía en el piso de abajo de Norman Mailer. Se trataba del coronel Rudolf Abel, el espía ruso más importante de aquel tiempo en Norteamérica.

· Cuando el poeta Hart Crane residía en Brooklyn Heights, sintió irresistibles deseos de escribir un poema sobre el puente de Brooklyn, que podía ver desde su ventana. Es el poema por el que es recordado principalmente. Sólo un año más tarde descubrió Crane que la dirección donde residía al componerlo, fue donde vivió Washington Roebling, ingeniero jefe en la construcción del puente.

¡Continúa... !!